“El sacrificio que nadie reclama.”
Los cuerpos colgados se presentan como evidencia de una violencia estructural que se repite hasta volverse paisaje. Morillas no documenta un acto aislado, sino el mecanismo que lo produce: un sistema donde la vida animal es reducida a materia útil. La pintura confronta la idea de propiedad sobre el cuerpo y cuestiona quién decide qué vidas pueden ser suspendidas sin duelo.
Óleo sobre tela | 120 x 90 cm
Obra única.
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