Zoología del sacrificio

Cuerpos animales que denuncian las violencias invisibles de la industria y la biopolítica.

En Zoología del sacrificio, Maritza Morillas examina la relación entre humanidad, animalidad y poder a través de imágenes que exponen la violencia estructural de los sistemas productivos. Las obras muestran cuerpos intervenidos, diseccionados, sacrificados o enfermos: no como espectáculo, sino como evidencia del costo real de nuestras formas de consumo y control sanitario.

Aquí, los animales no son símbolo ni ornamento: son testigos involuntarios de un régimen donde la vida se transforma en mercancía. La artista revela, con precisión incómoda, cómo la industria cárnica, las enfermedades zoonóticas y la manipulación del cuerpo configuran un territorio donde lo biológico y lo político se entrelazan.

Esta serie no busca el shock, sino la conciencia. Cada pintura insiste en la dignidad del cuerpo representado y confronta al espectador con una verdad elusiva: que detrás de la normalización del sacrificio existen historias de dolor, explotación y abandono. Zoología del sacrificio hace visible lo que preferimos no mirar y convierte la pintura en un espacio de memoria ética.

Agnus Nullius, 2025

Cordero de nadie. Cordero sin Dios.

“El sacrificio que nadie reclama.”

Los cuerpos colgados se presentan como evidencia de una violencia estructural que se repite hasta volverse paisaje. Morillas no documenta un acto aislado, sino el mecanismo que lo produce: un sistema donde la vida animal es reducida a materia útil. La pintura confronta la idea de propiedad sobre el cuerpo y cuestiona quién decide qué vidas pueden ser suspendidas sin duelo.

Óleo sobre tela | 120 x 90 cm

Obra única.

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Banquete del Antropoceno, 2025

“El mundo que se devora a sí mismo.”

La escena, cruda y ritual, expone cómo el consumo se convierte en motor de destrucción. El cuerpo del animal asado no remite a una tradición culinaria, sino a una economía que transforma la vida en recurso desechable. Morillas convierte la mesa en metáfora de un sistema que se alimenta de todo, incluso de su propio futuro.

Óleo sobre tela | 175 x 130 cm

Obra única.

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Indómita cepa, 2011

“Lo que la industria llama enfermedad, la pintura llama evidencia.”

La figura protegida y el cuerpo ave muestran una tensión entre control biológico y fragilidad animal. La obra señala cómo la manipulación industrial genera sus propias mutaciones y amenazas, convirtiendo al animal en señal de alerta de un sistema que excede sus límites. No hay monstruo: hay consecuencia.

Óleo sobre tela | 150 x 110 cm

Obra única.

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Delirante mugido, 2011

“La maquinaria respira a través del cuerpo animal.”

Morillas inscribe al ganado en un espacio donde el ruido industrial sustituye al de la vida. El animal aparece atravesado por un proceso que lo define y lo borra a la vez. No existe gesto heroico ni tragedia individual: hay un engranaje que opera por repetición, y un cuerpo que revela la violencia de esa lógica.

Óleo sobre tela | 120 x 150 cm

Obra única.

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Influenza burlesca, 2011

“Cuando la enfermedad es síntoma de lo que producimos.”

El animal intervenido es un recordatorio de la relación directa entre nuestras prácticas de consumo y las crisis sanitarias que ellas mismas generan. Morillas utiliza la ironía —un gesto “burlesco”— para subrayar que detrás de cada epidemia hay decisiones económicas y políticas. La risa aquí no alivia: denuncia.

Óleo sobre tela | 180 x 130 cm

Obra única.

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Scrapie, 2021

“La fragilidad animal como espejo de un sistema enfermo.”

El cuerpo ovino aparece marcado por la degeneración, pero también por la indiferencia humana que la posibilita. Morillas no emplea el lenguaje médico para describir la enfermedad: emplea la pintura para mostrar su dimensión ética.

El animal enfermo no es excepción, sino síntoma de una estructura que lo vuelve vulnerable.

Óleo sobre tela | 140 × 153 cm

Obra única.

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