“Lo que el océano no dice, lo dicen sus huesos.”
Las dos imágenes funcionan como un mismo testimonio: el mar descompuesto en restos, convertido en archivo de su propia extinción silenciosa.
No hay drama narrado, solo la evidencia: la forma ósea que emerge cuando el agua ya no puede sostener vida.
Morillas transforma el cráneo en una vanitas marina, una señal de advertencia sostenida por aquello que persiste cuando todo lo demás desaparece.
En conjunto, ambas piezas revelan la fragilidad del océano y la certeza de que el daño deja huella aun cuando ya no queda cuerpo.
Óleo sobre tela | 35 × 35 cm
Obra única.
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