En el programa El Arte de la Canción, Maritza Morillas participa interpretando visualmente Perfidia, el emblemático bolero de Alberto Domínguez, una de las piezas más importantes del cancionero mexicano y parte fundamental de la cultura popular latinoamericana.
Durante la conversación con Avelina Lésper, la artista reflexiona sobre el contraste entre el título contundente de la canción —Perfidia, entendido como traición— y la dulzura melancólica de su letra. A partir de esa tensión, Maritza construye un dibujo profundamente poético que se aleja de la violencia explícita presente en otras etapas de su obra, para explorar una dimensión más íntima, simbólica y emocional.
La pieza se convierte en un autorretrato, algo inédito hasta ese momento en su producción. En ella, una figura femenina aparece serena, casi en paz, mientras aves —cuervos— la rodean. Estos pájaros funcionan como metáfora de la traición, del misterio y de las historias que una persona carga sin que los demás las conozcan. Maritza explica que su cuerpo en la obra funciona como un tapiz, un fondo que contiene el conflicto sin dramatizarlo, desplazando la mirada hacia una interpretación más sutil del rechazo, el desapego y la vulnerabilidad.
El proceso técnico también es central en la conversación. Para esta obra, Maritza utiliza punta de aluminio y lápiz de cera, lo que le permite alcanzar una definición más fina y una atmósfera delicada, imposible de lograr con grafito. La obra no surge de un solo intento, sino de múltiples versiones y estudios previos, en un proceso de evolución que refleja tanto un cambio en su lenguaje visual como una resignificación personal.