Agonía de la conciencia

Cuerpos expuestos que revelan la vulnerabilidad humana frente a la violencia y la muerte.

En Agonía de la conciencia, Maritza Morillas explora la dimensión más cruda y simbólica del cuerpo en su límite: el momento en que la carne deja de ser forma y se convierte en pregunta. Estas obras, creadas entre 1995 y 1997, constituyen una de las etapas más intensas de su producción, donde la artista confronta directamente la fragilidad humana, el sacrificio y el deterioro emocional.

Los cuerpos colgados, sumergidos o inmóviles no buscan provocar horror, sino revelar la incapacidad del espectador para mirar la vulnerabilidad sin incomodidad. Morillas utiliza el realismo para exponer lo que habitualmente se oculta: la evidencia de la violencia estructural, el dolor que no encuentra voz y la manera en que la muerte altera el sentido de la forma.

Esta serie es, en su esencia, una reflexión sobre la dignidad del cuerpo incluso en su estado más desposeído. La pintura se vuelve testigo de un sufrimiento que trasciende lo individual para transformarse en conciencia colectiva.

…que cuelga del gancho para que yo pueda ver lo que soy cuelguen ese cerdo agonizante quiero ver el aliento sacudirse, 1995

“El cuerpo suspendido es la medida exacta de la violencia.”

Morillas presenta una figura colgada que no es objeto ni cadáver: es un recordatorio de todo aquello que se ha normalizado. Aquí, el cuerpo no denuncia; simplemente existe en su abandono, obligando al espectador a asumir la crudeza del gesto sin mediación simbólica.

Óleo sobre tela | 170 x 130 cm

…y nos debatimos como ahogados, en el agua turbia entre imágenes hediondas y espinas de peces muertos…

“Ledo Ivo”, 1995

“La lucha final no es contra el agua, sino contra el olvido.”

En este cuadro, la artista registra el instante en que el cuerpo pierde control sobre sí mismo. La agonía se vuelve movimiento: un gesto suspendido entre resistencia y entrega. No es una escena marina, sino una metáfora del ahogo emocional y social que atraviesa la vida humana.

Óleo sobre tela | 130 x 110 cm

Obra única.

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Los peces sueñan inmóviles en la bienaventuranza del agua fétida. No son como los hombres que se agitan en sus lechos desdichados…

“Ledo Ivo”, 1995

“El silencio acuático también es escenario de la muerte.”

El cuerpo sumergido es un eco de otras violencias: la del abandono, la del tiempo y la del entorno que se traga lo humano. Los peces no acompañan ni atacan; simplemente observan, como testigos mudos de aquello que la superficie desconoce.

Óleo sobre tela | 170 x 120 cm

Cadalso, 1997

“Un último gesto detenido en la frontera entre vida y sentencia.”

La obra encarna la dimensión ritual del sacrificio. No representa un acto judicial, sino una ejecución simbólica donde el cuerpo se convierte en depositario de las tensiones sociales. La artista no describe un castigo; describe una estructura que lo hace posible.

Óleo sobre tela | 310 x 170 cm

Lamento ventricular I, 2023

“El dolor se filtra por las capas del papel como un pulso interrumpido.”

Esta pieza, más íntima y contenida, utiliza el gesto suave para expresar una emoción que no necesita de la violencia explícita. Aquí, el lamento es una vibración delicada: la señal de una herida que no mira hacia fuera, sino hacia adentro.

Acuarela sobre papel de algodón | 21 x 27 cm

Obra única.

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Des-composición 1 y 2, 2004

“El rostro se fragmenta para revelar lo que la mirada no quiere nombrar.”

En esta obra modular, Morillas descompone el cuerpo en capas que dialogan con la presencia invasiva de las moscas forenses: Calliphora, Lucilia, Sarcophaga. No son símbolos, sino testigos materiales, organismos que participan del proceso de deterioro y, al mismo tiempo, del registro del crimen.
Los rostros —suaves, vulnerables, suspendidos entre sueño y muerte— contrastan con la precisión casi científica de los insectos. La artista propone así una lectura doble: lo íntimo roto por lo biológico, lo humano atravesado por aquello que sobrevive a la violencia.

Óleo sobre madera | 2 módulos de 80 × 45 cm, 2 módulos de 20 × 20 cm, 1 módulo de 25 × 20 cm

Obra única.

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Des-composición 3 y 4, 2004

“El cuerpo habla incluso cuando ya no tiene voz.”

Aquí, la descomposición se vuelve paisaje emocional: la carne oscura, difusa y casi borrada convive con la claridad fría de los insectos representados en los módulos laterales. La artista articula un contraste entre la pérdida de forma del cuerpo humano y la nitidez obstinada de la vida entomológica que participa del proceso.
Es una obra silenciosa, inquietante, donde la fragmentación no es solo física, sino simbólica: el cuerpo se disuelve, pero la evidencia permanece. Morillas muestra que incluso en la ruina existe un lenguaje, y que los insectos lo leen mejor que nosotros.

Óleo sobre madera | 1 módulo de 80 × 45 cm, 2 módulos de 25 × 20 cm, 1 módulo de 20 × 20 cm

Obra única.

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